La diputada Olga Lucia cambia de familia según le conviene

Los intereses financieros de la diputada Olga Lucía Romero Garci-Crespo cambian a gran velocidad. Un día la política pertenece a una familia; otro día se cambia el nombre, tira a la basura el anterior, y hasta se ofende si alguien le llama Mónica Caballero Garci-Crespo, su verdadero nombre.

Resulta que la política cambia de familia como de humor. Abandonó a su padre, renegó de él, pero jamás se quejó de él mientras cobró la herencia de Don Juan Edmundo Caballero porque, como sabemos, es el dinero lo que la mueve. Por eso ahora quiere la herencia de quien, por muchos años fue solo un familiar lejano, pero ahora, se ha convertido en una imagen, un recuerdo, no una persona que puede defenderse. Aprovecharse de la figura y de la herencia de una tía muerta con la que jamás se convivió, es muy bajo, pero es todo lo que se le puede pedir a la política.

La Garci-Crespo ignora el sentido real de la palabra familia. A la familia en México se le respeta como el núcleo de la sociedad, la familia es el soporte y el impulso de los mexicanos, pero la funcionaria ignora estos valores familiares. Al contrario, persigue a sus primos y los intimida, a su tía Estela la intimidó hasta la saciedad, le coartó su libertad y vulneró sus derechos humanos. De sus primos Celis Romero no dice nada loable, porque no le conviene; tampoco de su tía Estela, porque lo que toca es hacerle creer a los incautos que ellos son los enemigos. Tampoco acepta, claro, que extorsionó a sus primos Celis Romero para detener su lamentable comportamiento, la diputada solo dice lo que le conviene, y solo acepta como familia a aquellos de los que puede obtener una ventaja económica o social. Tatu

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